Comer insectos por tener mucha proteína

Mientras que comer caballos es bastante común en Bélgica, en Francia es más bien tabú. Del mismo modo, la mayoría de la gente en Francia puede reaccionar con asco si les dices que añadiste una tarántula a un sándwich, mientras que en Camboya o Venezuela, las arañas peludas son comúnmente cocinadas y comidas enteras, como cangrejos o camarones.

Comer insectos por tener mucha proteína

Pero aquí está: aunque en estos momentos no apoyemos la idea de comer insectos, dentro de unos años, nuestro pensamiento colectivo probablemente tendrá que cambiar, especialmente por razones de supervivencia. Con el rápido crecimiento de la población y las tierras agrícolas cada vez más escasas, no habrá otra opción que consumir proteínas alternativas si queremos sobrevivir. Ni siquiera nuestros océanos sobreexplotados, de los cuales el 50% serán cubiertos por nuestros desechos plásticos para 2050, podrán mantenernos vivos.

Comiendo insectos

Entomofagia es el término científico para referirse a los insectos comedores. Los insectos más comúnmente consumidos son los escarabajos, orugas, abejas, avispas, hormigas, saltamontes, langostas y grillos. Rellenas de proteínas y grasas buenas, también contienen grandes cantidades de calcio, hierro y zinc: lo correcto para un practicante de entrenamiento con pesas. Y contrariamente a lo que usted podría pensar, los insectos pueden tener muy buen gusto.

Insectos en el mundo

Hay más de 2.000 millones de personas que ya comen insectos como parte de sus tradiciones. Y lo creas o no, el consumo de insectos es tan importante (y en aumento) que hablamos de sobreexplotación. En 2014,11 países de todo el mundo implementaron operaciones de recolección de insectos en estado silvestre desde Australia hasta Vietnam, India y más allá.

Organizaciones como la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) han tenido que establecer programas de conservación para la producción sostenible de esta valiosa fuente de alimentos. En Europa y Estados Unidos, las actitudes cambian lentamente. Pero en los últimos años, empresarios en ciernes han olfateado el potencial económico y desarrollado una serie de nuevas tecnologías y metodologías para permitir la producción sostenible.